¿En qué se diferencia la solemnidad en materia cambiaria respecto a la solemnidad en el Derecho común?

Por Carlos E. López Rodríguez

La solemnidad es un requisito de forma exigido por la Ley. En el Derecho común, ese requisito es necesario para que el contrato se perfeccione y, consecuentemente, para su existencia y validez [1].

A pesar de que el art. 1252 del CC define al contrato solemne como aquel que está sujeto a la observancia de ciertas formalidades especiales, de las cuales dependería su eficacia, parece claro que la solemnidad no es un requisito de eficacia sino de validez. El mismo art. 1252 del CC al especificar que la omisión de la solemnidad conlleva que el contrato no produzca ningún efecto civil, marca la diferencia con el negocio condicional, donde algunos efectos se producen, incluso durante la pendencia de la condición. La verdadera naturaleza de la solemnidad en el Derecho común, surge de lo dispuesto en el inc. 2 del art. 1261 y en el inc. 1 del art. 1264 del CC [2].

En el art. 1261 del CC, luego de enumerar las menciones esenciales para la validez de los contratos, en su inc. 2 agrega que dicha enumeración es sin perjuicio de la solemnidad requerida por la Ley en ciertos contratos. Por lo tanto, la solemnidad es, también, un requisito de validez.

En el art. 1264 del CC se establece que los contratos solemnes sólo se consideran perfectos después de llenadas las formas especiales requeridas por la Ley. Por consiguiente, en el contrato solemne, la forma elegida por la Ley resulta ser un requisito de validez, un elemento del cual depende la existencia misma del contrato [3].

La solemnidad cambiaria está consagrada en el art. 2 del DLTV, que dispone:

«Los documentos y los actos a que esta ley se refiere, sólo producirán los efectos previstos en la misma cuando contengan las menciones y llenen los requisitos que la misma ley señala salvo que ella lo presuma. La omisión de tales menciones y requisitos no afecta el negocio jurídico que dio origen al documento o al acto.»

El art. 3 establece las menciones esenciales que debe contener todo título valor. Este artículo dispone lo siguiente:

«Además de lo dispuesto para cada título valor en particular, tanto los tipificados por la ley como los consagrados por los usos deberán llenar los requisitos siguientes:

1. El nombre del título valor de que se trate.

2. La fecha y el lugar de creación.

3. El derecho que en el título se incorpore.

4. El lugar y la fecha del ejercicio de tal derecho.

5. La firma de quien lo crea.»

La falta de alguno de los requisitos esenciales incide sobre la eficacia del título, lo que provoca su inhabilidad. Que un título sea inhábil tiene como consecuencia que el obligado cambiario podrá oponer la excepción de inhabilidad del título en el juicio ejecutivo cambiario que se le promueva.

El título, no obstante su inhabilidad como título ejecutivo cambiario, puede que sea válido como documento privado y apto para promover un juicio ejecutivo común. Podría, asimismo, servir como elemento de prueba en un juicio ordinario.

En el Derecho común, en cambio, la falta de alguna de las solemnidades previstas por la Ley, provoca la nulidad absoluta del acto.

 

 

 


[1] Gamarra, Tratado de Derecho Civil Uruguayo, t. 8, v. 1, (Montevideo: FCU, 1995), pp. 195-205.

[2] Gamarra, id., p. 204.

[3] Gamarra, id. ibid.

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