¿Cuál es la naturaleza jurídica de la responsabilidad del transportador frente al cargador?

Por Carlos E. López Rodríguez

Se suscita una importante controversia en la dilucidación de si basta el acaecimiento del incumplimiento o si, además, se requiere la constatación de un actuar culpable del transportador, para que pueda considerarse generada la responsabilidad.

I. Responsabilidad subjetiva del transportador

Parte de la doctrina nacional ha considerado que la culpa es el fundamento de toda responsabilidad contractual[1]. Entre sus argumentos, mencionan que el art. 1342 del Código Civil (CC) habilita al deudor a evitar la condena en daños y perjuicios, justificando que la falta de cumplimiento proviene de causa extraña que no le es imputable[2].

Según Amézaga, “no hay responsabilidad contractual sin culpa”. Sucede que el incumplimiento hace presumir la culpa del deudor. Cuando el deudor prueba que ha cedido a causa extraña que no le es imputable, demuestra con ello que no hubo culpa de su parte[3].

Peirano Facio, también, sustentaba que si el incumplimiento no tiene su origen en la culpa del deudor, éste no debe daños y perjuicios. En el mismo sentido que Amézaga, asimila “causa extraña que no es imputable al deudor” a “ausencia de culpa”, al afirmar que basta que pruebe que no es culpable porque con ello acredita la causa extraña[4].

Acorde con esta posición, el art. 163 del Código de Comercio (CCom), confirmaría la base subjetiva de la responsabilidad pues, según dicha norma, el transportador responde en caso de que no se emplee diligencia y por los daños que sean consecuencia de malversación u omisión:

"... todos los que se encargan de conducir mercancías mediante una comisión, porte o flete, deben... emplear toda la diligencia y medios practicados por las personas exactas en el cumplimiento de sus deberes en casos semejantes... y son responsables a las partes por las pérdidas o daños que les resultaren por malversación u omisión suya o de sus factores, dependientes u otros agentes cualesquier."

La norma transcripta exige del transportador la diligencia de las “personas exactas en el cumplimiento de sus deberes” (art. 163). Se trata de un concepto que recuerda al de “buen padre de familia” del CC o al de “buen hombre de negocios” de la Ley 16.060/1988, de 4 de setiembre, de Sociedades Comerciales. Sin embargo, cabe advertir que es más exigente que el de "buen padre de familia", que simplemente expresa una diligencia media.

Según se desprende de la expresión "personas exactas en el cumplimiento de sus deberes", el CCom impone una responsabilidad especialmente severa pero, de todas formas, subjetiva, pues se trata de una responsabilidad por culpa.

Adviértase, es este sentido, que el art. 170 del CCom exige prueba de la negligencia o culpa, a los efectos de imputar responsabilidad al transportador.

"Aunque las averías o pérdidas provengan de caso fortuito o de vicio propio de la cosa cargada, quedará obligado el porteador a la indemnización, si se probare que la avería o pérdida provino de su negligencia o culpa, por haber dejado de emplear los medios y precauciones practicadas en circunstancias idénticas, por personas diligentes (artículo 163)."

II. Responsabilidad objetiva del transportador

En la tesis objetiva, en todos los casos, el único presupuesto de la responsabilidad contractual es el hecho objetivo del incumplimiento. Éste, no la culpa, es la fuente de responsabilidad contractual[11].

En la opinión de Gamarra, la presunción de culpa contractual carece de todo asidero en nuestro Derecho positivo. Según este autor, es especialmente claro en aquellos contratos que establecen obligaciones de resultado – aunque tiene la misma opinión en el caso de los contratos que establecen obligaciones de medios - que el mero incumplimiento es generador de responsabilidad[12].

Donde el deudor se obliga a un resultado, si éste no se obtiene responde, simplemente, porque el resultado no se obtuvo, no porque haya incurrido en culpa. El transportador, dice Gamarra, no puede aducir como prueba de descargo la ausencia de culpa, porque la culpa no es el fundamento de su responsabilidad[13].

Según recuerda Gamarra, la exoneración de responsabilidad por causa extraña no imputable al deudor, no se justifica en razón de la ausencia de culpa sino por la extinción de la obligación[14].

En particular, alguna doctrina ha señalado, comentando textos como los nuestros, que se trata de una responsabilidad derivada de la teoría del riesgo profesional[15]. Independientemente de plantearse si el transportador tuvo o no culpa, lo que debería tenerse en cuenta es que, como profesional del transporte, asume el riesgo inherente a su actividad, debiendo indemnizar toda vez que cause lesión al derecho del otro contratante.

La responsabilidad del transportador, entonces, se ha calificado como objetiva,  impuesta “ex lege”, por razones de política en materia de transportes, para inducir a las empresas a extremar precauciones respecto al buen estado de sus vehículos y al buen desempeño de su personal. La definición de culpa provista por el art. 221 del CCom – en la sección correspondiente a los daños y perjuicios – parece avalar esta posición:

"Se entiende por culpa en esta materia, todo hecho, toda omisión que causa perjuicio a otro, y que pueden ser imputados al que los ha cometido, aunque no haya mala fe de su parte.  

El comerciante que se encarga, por cualquier título, de la guarda o cuidado de mercaderías, se considera que sabe lo que se necesita para su conservación, y es responsable si dejare de hacerlo.”

En caso de imposibilidad superviniente de la prestación, el transportador sólo puede evitar que se le responsabilice cuando el caso fortuito o el vicio propio de la cosa no sea imputable a su culpa. En este sentido, el art. 170 del CCom establece:

"Aunque las averías o pérdidas provengan de caso fortuito o de vicio propio de la cosa cargada, quedará obligado el porteador a la indemnización, si se probare que la avería o pérdida provino de su negligencia o culpa, por haber dejado de emplear los medios y precauciones practicadas en circunstancias idénticas, por personas diligentes (artículo 163)."

Dicho de otra forma, cuando el incumplimiento se debe a culpa del deudor, éste no puede alegar causa alguna de exoneración. Gamarra coloca como ejemplo el del transportador que conduce ebrio, con exceso de velocidad. Su conducta culposa puede no hacerlo incurrir en responsabilidad si el accidente no se produce. Sin embargo, si el accidente tiene lugar porque la diligencia debida no se empleó, el incumplimiento imputable a culpa genera siempre la responsabilidad del transportador[16].

Como se ve, no basta que la prestación sea imposible para que el deudor resulte liberado de responsabilidad. Se requiere que el caso fortuito o el vicio de la cosa no esté precedido de alguna culpa del transportador, puesto que en ese caso, el daño le sería igualmente imputable[17].

Gamarra llega a postular que en el caso del transporte se verificaría una relación de garantía, donde el deudor sería responsable, fuese cual fuese su comportamiento, por el mero hecho de no lograr el resultado comprometido[18].

III. Nuestra opinión

Entendemos que no se puede dar una respuesta general a la cuestión de la naturaleza jurídica de la responsabilidad del transportador. Debe distinguirse según cuál sea la obligación que se incumple. Según se analizó en párrafos anteriores, el CCom, desde el primer artículo que dedica al transportador (el art. 163) pone a cargo de éste dos obligaciones principales: la de efectuar la entrega de la mercadería y la de custodiar esa mercadería.  

Respecto de la obligación de efectuar la entrega de la mercadería transportada, consideramos que basta la acreditación del incumplimiento. El transportador es responsable aunque haya cumplido con la diligencia debida.

Por supuesto que, para que se considere cumplida esta obligación, la entrega  debe efectuarse fielmente en el tiempo[19] y en el lugar del convenio (art. 163 CCom). Asimismo, incurre en este tipo de responsabilidad el transportador que varia el camino pactado (art. 177 CCom).

La responsabilidad no le sería imputable al transportador, claro está, en casos de fuerza mayor, caso fortuito o vicio propio de la cosa. Esto, sin embargo, nada tiene que ver con la culpa. Sólo incide sobre la imputación del daño, pudiendo interrumpir el nexo causal.

La culpa tiene que ver con la diligencia (en el caso la de las personas exactas en el cumplimiento de sus deberes, según establece el art. 163), no con la imputabilidad. Si la fuerza mayor, caso fortuito o vicio propio de la cosa no se configuran, el transportador es siempre responsable, aunque no medie culpa de su parte. El desfalco, detrimento o menoscabo que sufran son de su cuenta (art. 169 CCom).

Por otra parte, corresponde advertir que el transportador no puede exonerarse invocando cualquier causa extraña sino que sólo puede invocar fuerza mayor, el caso fortuito o el vicio propio de la cosa.

En cambio, respecto de la obligación de custodia el CCom establece un régimen basado en la culpa. Adviértase que, luego de referirse a la obligación de entregar, el art. 163 coloca un punto y coma, a partir del cual se refiere a la obligación de custodia y a las condiciones en que su incumplimiento genera responsabilidad:

“… en general todos los que se encargan de conducir mercancías mediante una comisión, porte o flete, deben… emplear toda la diligencia y medios practicados por las personas exactas en el cumplimiento de sus deberes en casos semejantes, para que los efectos o artículos no se deterioren, haciendo a tal fin por cuenta de quien perteneciere los gastos necesarios; y son responsables a las partes por las pérdidas o daños que les resultaren por malversación u omisión suya o de sus factores, dependientes u otros agentes cualesquier.”

Como surge de la lectura del artículo transcripto, respecto de la obligación de custodia – “para que los efectos o artículos no se deterioren” – la obligación del transportador es de medios: “emplear toda la diligencia y medios practicados por las personas exactas en el cumplimiento de sus deberes”. Por si esto no fuese suficientemente claro, en su parte final el artículo establece que la responsabilidad del transportador se extiende a “las pérdidas o daños que les resultaren por malversación u omisión”. Como la responsabilidad es de interpretación restrictiva, en cuanto a la obligación de custodia, el transportador sólo responde por malversación u omisión.

Malversar es invertir ilícitamente los caudales públicos o equiparados a ellos, en usos distintos de aquellos para que están destinados[20].  La omisión, a su vez, está directamente vinculada con el deber de diligencia que el propio artículo establece.

De modo que, si se cumple con la entrega pero la mercadería se encuentra afectada por pérdidas o daños, el transportador es responsable si se acredita que existió malversación u omisión de su parte. Asimismo, el transportador podría exonerarse de responsabilidad, acreditando que empleó la diligencia y medios practicados por las personas exactas en el cumplimiento de sus deberes.

 

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[1] Amézaga, Culpa contractual; Peirano Facio, Obligaciones, t. 3; Sánchez Fontans, El contrato de construcción.

[2] Gamarra, Tratado de Derecho Civil Uruguayo, t. XVII, Responsabilidad contractual, v. 1, p. 131.

[3] Amézaga apud Gamarra, op. cit., pp. 132, 157 y 173.

[4] Peirano Facio, apud Gamarra, íd., pp. 132 y 175.

[11] Gamarra, íd., p. 183.

[12] Gamarra, op. cit., pp. 157 y 158.

[13] Gamarra, íd., p. 159.

[14] Gamarra, íd., p. 176.

[15] Da Silva, op. cit., p. 101.

[16] Gamarra, op. cit., p. 182.

[17] Gamarra, íd., p. 184.

[18] Gamarra, íd., p. 187.

[19] El transporte debe verificarse dentro del plazo estipulado, so pena de pagar la indemnización pactada o  los perjuicios que hayan sobrevenido, si la tardanza excediere el doble del tiempo prefijado en la carta de porte (art. 178 CCom).

[20] Real Academia Española, Diccionario de la Lengua Española, p. 832.

 

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