¿Quién está mejor posicionado en la liquidación concursal: el acreedor laboral o el acreedor hipotecario? Fundamente su respuesta.

Por Carlos López Rodríguez  

De acuerdo con lo dispuesto por el art. 109 de la Ley 18.387 de 2008 (LC), los acreedores hipotecarios gozan de un privilegio especial.

En virtud de ese privilegio especial, el acreedor hipotecario logra una posición especial que refuerza la posibilidad de recuperar su crédito. 

Mediante la hipoteca se afecta una cosa determinada, circunstancia a la que la doctrina se refiere como "inherencia del derecho real" o "derecho de persecución"

El bien dado en garantía es objeto de administración por el síndico o el interventor designado, pero puede ser ejecutado por el acreedor, con independencia del concurso, aunque ante el juez del concurso (art. 181 LC).

La única implicancia del concurso a su respecto, consiste en la prohibición de promover ejecuciones y la suspensión de las ejecuciones en curso, hasta que hayan transcurrido ciento veinte días desde la sentencia declaratoria del concurso (art. 61 LC).

Si el crédito con garangía hipotecara está expresado en moneda extranjera, no se convierten a moneda nacional, hasta el límite de su garantía (art. 63).

En cambio, el acreedor laboral sólo cuenta con un privilegio general que, además, está limitado en función de su monto y de su antiguedad (art. 110, n° 1).

El pago de su crédito se realizará con los activos no hipotecados ni prendados, o su remanente (art. 182).