¿Cuáles son las principales obligaciones del corredor?

Por Nuri E. Rodríguez Olivera

Las obligaciones de los corredores se clasifican en dos tipos: obligaciones de carácter general y  obligaciones relacionadas con los corretajes que realice. Estas las subdividimos en previas, concomitantes con la celebración del acto entre las partes, posteriores al acto y permanentes.

I. Inscripción registral

La primera obligación es la de inscribirse en el Registro Nacional de Comercio. Los corredores, también, se debían inscribir en la matrícula a cargo del Registro Nacional de Comercio. Se trata de un deber que integra el estatuto profesional del corredor.

El corredor no inscripto no podía llevar libros. No llevar libros le apareja distintas sanciones, según está previsto en los arts. 94, 110 y 111, del Código de Comercio (CCom). Nos interesa adelantar que el corredor pierde el derecho a cobrar su comisión si no pasa en tiempo una minuta de acuerdo a su libro registro. De modo que como sanción mediata de su no matriculación, señalamos la imposibilidad del cobro de comisiones (art. 103).

La actual Ley Registral 16.871 de 1997, no prevé la matriculación del corredor.

II. Obligaciones relacionadas con los libros que deben llevar los corredores

La segunda es la de llevar ciertos libros. La Ley, en sus arts. 92 y 93, impone a los corredores la obligación de llevar dos libros, el manual y el registro. Se impone un gran detalle en los asientos. Ello es así porque los libros no son llevados sólo en interés del propio corredor sino en el de las partes que contratan por su intermedio y en razón de la fuerza probatoria que la Ley acuerda a los certificados extraídos de los libros (art. 192, inc. 2). Cualquiera de las partes contratantes del negocio concluido puede invocar como prueba los certificados del corredor extraídos de sus libros.

El art. 92, inc. 1 se refiere al libro manual: 

“Los corredores deben llevar un asiento exacto y metódico de todas las operaciones en que intervienen, tomando nota de cada una, inmediatamente después de concluida, en el cuaderno manual foliado”.

El libro manual es un borrador. Se explica su exigencia porque, frecuentemente, el corredor realiza sus operaciones fuera de sus oficinas. El corredor lo llevaría consigo. El único requisito formal impuesto por la norma es que debe estar foliado.

El libro registro se debe llevar con requisitos similares a los libros del comerciante: encuadernado, forrado, foliado y habilitado por el Registro Nacional de Comercio. Equivale a un libro diario. El libro registro se impone por el art. 94, incs. 1 y 2:

“Diariamente se trasladarán todos los artículos del cuaderno manual a un registro copiándolos literalmente, sin enmiendas, abreviaturas, ni interposiciones, guardando la misma numeración que lleven en el manual.

El registro tendrá las mismas formalidades que se prescriben en el artículo 65, para los libros de los comerciantes, so pena de una multa que será determinada por los reglamentos.”

Los libros de los corredores son medios de prueba (art. 191, inc. 2, y art. 192, inc. 5).  Pueden servir para probar aquellos contratos comerciales celebrados con su intervención y sirven además como prueba de las relaciones del corredor con las partes que le han encomendado su intervención.

El fundamento de la eficacia probatoria de los libros de corredores respecto a contratos celebrados es el supuesto de la imparcialidad que el corredor asume o debe asumir respecto a los contratantes. Desde luego, el juez valorará en cada caso, su eficacia probatoria. En cuanto a las relaciones entre corredor y las partes, la eficacia probatoria está regida por los principios generales en materia de prueba de libros de comercio.

Alguna doctrina señala que debe preferirse el manual porque sus asientos se extienden en el momento mismo del negocio y refleja auténticamente su contenido. Además, se agrega que pudo haber sido mal trascripto en el registro. Otros autores sostienen que tienen más eficacia el Registro porque se rodea de formalidades. Por otra parte, a él se refieren el artículos 94, inciso 3, el artículo 95 (certificado) y el artículo 103 (minuta). Estas normas jerarquizan, indudablemente, al libro registro respecto al manual. Según Bolaffio, los jueces deben apreciar libremente y según las circunstancias del caso, a cuáles de estos libros debe atribuirse mayor confianza.

En cuanto a la naturaleza de este tipo de prueba nos remitimos a lo ya dicho en general sobre libros. Sólo queremos aclarar que no constituyen instrumentos públicos puesto que los corredores no ejercen un cargo público según ya expusimos. Recordemos que por leyes anteriores ejercieron cargos públicos. Como un resabio de ese carácter de oficio público ha quedado el artículo 1.198 que dice así:

“La póliza del fletamento valdrá como instrumento público, si ha sido hecha con intervención de corredor marítimo, y en defecto de corredor, por escribano que dé fe de haber sido otorgada en su presencia y la de dos testigos que suscriban, aunque no esté protocolizada.

También hará fe la póliza, aunque no estuviese en la forma referida, siempre que los contratantes reconozcan en juicio, ser suyas las firmas puestas en ellas.”

De acuerdo a lo dispuesto por el artículo 94, inciso 3, se puede pedir la exhibición del libro registro a instancia de parte o de oficio. La Ley no prevé la posibilidad de una exhibición general. Recordemos que, para los comerciantes, se impone exhibición general en caso de sucesión, condominio, sociedad o administración por cuenta ajena. Tratándose de libros de corredor podría admitirse la procedencia de la exhibición en caso de fallecimiento del corredor o de disolución de la sociedad conyugal. En los libros no hay relación de bienes del corredor que pueda tener interés para tales casos; pero interesaría por cuanto de los asientos resultan créditos por comisiones.

No puede haber hipótesis de sociedad ya que los corredores no pueden celebrar contrato de sociedad. No se da la posibilidad de actuación por cuenta ajena, pues del contexto legal resulta que el corredor media en la celebración del negocio.

Resulta claro que las partes de un negocio celebrado por intermedio de un corredor no podrán pedir una exhibición general, porque ello significaría divulgar el contenido de operaciones realizadas por otros contratantes, que no tienen vinculación con el litigio. Podrán solicitar una exhibición parcial, esto es, de los asientos vinculados con la negociación que da origen a la controversia judicial. La exhibición parcial sólo la podrán pedir las partes interesadas en el negocio al que se refieren los asientos. Los terceros no interesados carecen de derecho para informarse del contenido de esos asientos. Para el caso de que el corredor se negare a efectuar la exhibición, no hay sanción especial. Se aplicaría el artículo 111 que prevé la posibilidad de su destitución. Fontanarrosa opina que corresponde el secuestro del libro ordenado por Juez. Entendemos que podría imponerse una conminación económica (art. 21.3 del C.G.P).

El artículo 105, impone la conservación de libros para los casos de muerte o destitución del corredor. Los libros se conservarán en el Juzgado del lugar. La norma tiene su fundamento en el interés de los libros para los terceros, que celebran contratos por intermedio del corredor. El Juzgado es un lugar que ofrece garantías para su conservación y su eventual exhibición. Nos planteamos ¿qué sucede si un corredor se retira voluntariamente? Se han sustentado dos posiciones: los guarda el corredor (aplicando por analogía el art. 80); se aplica el art. 105 dado que existen las mismas razones que así lo aconsejan en uno y otro caso.

III. Obligaciones relacionadas con el corretaje

La primera obligación del corredor es proponer los negocios con exactitud. El art. 99 dispone:

“Los corredores propondrán los negocios con exactitud, precisión y claridad, absteniéndose de hacer supuestos falsos que puedan inducir en error a los contratantes.

Si por este medio indujeren a un comerciante a consentir en un contrato perjudicial, serán responsables del daño que le hayan causado”.

El art. 100 agrega, a vía de ejemplo:

“Se tendrán por supuestos falsos, haber propuesto un objeto comercial bajo distinta calidad que la que se le atribuye por el uso general del comercio y dar una noticia falsa sobre el precio que tenga corrientemente en la plaza la cosa sobre que versa la negociación”.

¿Para que se configure la responsabilidad prevista en esta norma es necesario dolo o también se generan  por negligencia? ¿Es responsable el negligente? Consideramos que debe aplicarse los principios de Derecho privado en materia de responsabilidad. Se responderá por negligencia y por dolo y el texto trascripto incluye hipótesis de dolo. El texto utiliza las expresiones “supuestos falsos” e “indujeren a un comerciante”. Tales términos suponen una actuación dolosa.

El inc. 2 del art. 99 se refiere a la responsabilidad respecto al comerciante. Aclaramos que, a pesar del texto legal, la responsabilidad existe, sea o no comerciante quien encarga el negocio o el tercero que se aviene a celebrarlo.

En segundo lugar, el corredor debe controlar la identidad y capacidad de los contratantes a quienes ha acercado. De este modo facilita la contratación; las partes no deben hacer averiguaciones, pues confían en el corredor y en el cumplimiento de este deber. El artículo 97, inciso 1, establece: “Los corredores deben asegurarse, ante todas cosas, de la identidad de las personas, entre quienes se tratan los negocios en que intervienen, y de su capacidad legal para celebrarlos”.

El inciso 2 establece responsabilidad “si a sabiendas intervinieren en un contrato hecho por persona que según la Ley no podía hacerlo, responderán de los perjuicios que se sigan por efecto directo e inmediato de la incapacidad del contratante”. Entendemos que la responsabilidad también se genera si se da el mismo hecho por ignorancia culpable del corredor dado el tenor del primer inciso.

En tercer lugar, el corredor debe asistir a la entrega de los efectos vendidos. El corredor no interviene, por regla general, en la ejecución del contrato. Se limita a acercar a las partes. Esta regla tiene excepciones que tienen por objeto evitar y remover cualquier dificultad entre los contrayentes que pudiere surgir en el momento de celebrar el contrato o de ejecutarlo. El artículo 102 dice así:

“En las ventas hechas con su intervención, tienen obligación de asistir a la entrega de los efectos vendidos, si los interesados o alguno de ellos lo exigiere.

Están igualmente obligados, a no ser que los contratantes expresamente los exoneren de esta obligación, a conservar las muestras de todas las mercancías que se vendan con su intervención, hasta el momento de la entrega, tomando las precauciones necesarias para que pueda probarse la identidad.”

En cuarto lugar, el corredor debe estar presente en la firma del contrato. El artículo 104 dice así: “En los negocios, en que por convenio de las partes, o por disposición de la ley haya de extenderse contrata escrita, tiene el corredor la obligación de hallarse presente al firmarla todos los contratantes, y certificar al pie que se hizo con su intervención, recogiendo un ejemplar que conservará bajo su responsabilidad”.

Anotamos una diferencia importante. En el art. 102, las partes pueden pedir asistencia del corredor. En el art. 104  su intervención es preceptiva.

En quinto lugar, el corredor debe entregar una minuta. El art. 103 dice así:

“Dentro de las veinticuatro horas siguientes a la conclusión de un contrato, deben los corredores entregar a cada uno de los contratantes, una minuta del asiento hecho en su registro, sobre el negocio concluido.

Esta minuta será referente al registro y no al cuaderno manual.

Si el corredor no la entrega dentro de las veinticuatro horas, perderá el derecho que hubiese adquirido a su comisión, y quedará sometido a la indemnización de daños y perjuicios”,

La minuta es un extracto o resumen del asiento efectuado en el libro registro. Tiene por objeto precisar las condiciones del contrato para la redacción del acto definitivo y servir como prueba para el caso de dificultad o controversia (art. 192, inc. 2). Debe contener las condiciones del contrato y el número de orden del asiento en el registro. Viene a ser una rendición de cuentas.

En sexto lugar, el corredor puede extender un certificado de las negociaciones celebradas por su intermedio. El art. 95, inc. 1, establece: “Ningún corredor podrá dar certificado, sino de lo que conste de su registro y con referencia a él”. El art. 96 agrega: “El corredor que diere certificación contra lo que constare de sus libros, será destituido, e incurrirá en las penas del delito de falsedad”.

El certificado debe hacer referencia al Registro, esto es, a la página en que figura el asiento y número de orden. El certificado debe darse a interesados en la negociación y no a un tercero. Si lo dieran a terceros se violaría la obligación de guardar secreto, que luego analizaremos. La importancia de los certificados radica en que constituyen medios de prueba (art. 192, inc. 2).

En séptimo lugar, el corredor tiene obligación de guardar secreto. El art. 101 dispone: 

“Guardarán secreto riguroso de todo lo que concierna a las negociaciones que se les encargan, bajo la más estrecha responsabilidad de los perjuicios que se siguieren por no hacerlo así”. 

El art. 95, inc. 2, establece: “Sólo en virtud de mandato de autoridad competente, podrá atestiguar lo que vio u oyó relativamente a los negocios de su oficio”. El Juez podrá requerir su testimonio en un juicio relacionado con un negocio celebrado por su intermedio, en que las partes litiguen.

El fundamento de estas normas es que no viole la confianza que en él depositaron los particulares. Se aplica también al caso el art. 302 del Código Penal que dispone: 

“El que, sin justa causa, revelare secretos que hubieran llegado a su conocimiento, en virtud de su profesión, empleo o comisión, será castigado, cuando el hecho causare perjuicio, con multa de cien a dos mil pesos”.

 

 

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