Efecto de la creación y transmisión del título valor

Por Nuri E. Rodríguez Olivera y Carlos E. López Rodríguez

En los títulos valores el documento no es meramente probatorio de un derecho, sino que es constitutivo de un derecho. El derecho consignado en el título no preexiste al título, sino que nace con él. Creado el documento, nace el derecho.

Los títulos valores tienen la peculiaridad de que, una vez creados, circulan como una cosa material y con ellos circula el crédito que en ellos consta.

I. Fuente de la obligación

Debemos distinguir entre creación y emisión. El título se crea cuando se firma. El título se emite cuando, ya firmado, se entrega al beneficiario.

El art. 7 del Decreto Ley 14.701/1977, de 12 de setiembre, de Títulos Valores (DLTV) establece que toda obligación, incorporada a un título valor, deriva de la firma puesta en el mismo. El art. 9 del DLTV establece lo siguiente:

El suscriptor de un título valor quedará obligado en los términos literales del mismo aunque el título entre en circulación contra su voluntad o después de que sobrevengan su muerte o incapacidad.

El suscriptor de un título valor, por la tesis de la creación, queda obligado aunque el título entre en circulación contra su voluntad, es decir: aunque no lo haya emitido voluntariamente.

La obligación cartular, por lo tanto, en nuestro Derecho, tiene su fuente en la voluntad unilateral porque el título se crea y produce sus efectos, con la sola expresión de voluntad del firmante, sin necesidad de que su voluntad se combine con otra, que haya de añadirse a ella para integrar un solo negocio. Quien suscribe el título valor se obliga a una prestación frente al poseedor del título y no la subordina a ninguna aceptación ni contraprestación.

Explicamos el significado de la norma, con un ejemplo. Una persona firma un vale y lo guarda en su escritorio; ya ha creado un título valor con una obligación a su cargo. No es necesario, según la tesis adoptada por la Ley, que entregue ese documento, porque la obligación nació con la sola creación. Si el vale es sustraído por un empleado infiel, el librador está obligado por la declaración que ha formulado, porque su obligación nació con la sola firma y no puede alegar la desposesión involuntaria, frente al poseedor que le reclame el importe del vale.

Si se hubiera adoptado la tesis de la emisión, en el ejemplo puesto, el firmante podría alegar que no hubo emisión y, por lo tanto, no estaría obligado. Con la norma del art. 9 se quiere tutelar el prestigio del título valor, porque el título valor circula en la plaza con mucha facilidad, sobre la base de que quien se obligó, va a pagar al poseedor. Si cualquier persona que se propone adquirir un título valor tuviera la duda de que el librador no lo pagará al vencimiento, no lo adquiriría, pero el poseedor sabe que lo va a cobrar, porque el que libró la letra no puede alegar la desposesión involuntaria. La norma da seguridad a los eventuales tenedores futuros.

Se protege así la circulación de los títulos valores. Frente a una desposesión involuntaria, la Ley no protege al creador del título valor sino a los poseedores del título. Frente al autor de la desposesión, el creador podrá promover una acción de reivindicación o formular una denuncia penal pero frente al poseedor del título no le puede decir: «no le pago porque este documento me fue sustraído».

Por eso, también, en el Decreto Ley 14.412/1975, de 8 de agosto, de Cheques (DLCh), no se admite que un banco niegue el pago de un cheque por la denuncia de extravío o hurto que pudiere haber formulado el librador (arts. 32 y 38).

II. Caracter pro solvendo

Los títulos valores, según expresa el art. 27 del DLTV, se presumen recibidos salvo buen cobro, es decir pro solvendo:

"Los títulos valores se presumirán recibidos salvo buen cobro."

El DLTV hace referencia a la relación fundamental en el art. 25, estableciendo que la creación y transmisión de un título valor no producirá, salvo pacto expreso, la extinción de la relación que dio lugar a la creación o transmisión:

"La creación y trasmisión de un título valor no producirá, salvo pacto expreso, la extinción de la relación que dio lugar a la creación o trasmisión".

Al crearse un título valor nace una obligación nueva y un derecho correlativo nuevo, pero la creación del título valor no supone la extinción de la relación fundamental que fue su causa mediata; aunque puede pactarse esta extinción en el acto de celebrar un pacto cambiario.

Supongamos que una persona concierta un contrato de compraventa y debe el precio. La relación fundamental es el contrato de compraventa. Luego, el comprador celebra con el vendedor un pacto cambiario y convienen que el precio se ha de pagar con un vale y se firma el vale. Se ha celebrado el contrato, el pacto cambiario y se ha creado el título. En principio, la creación del título no extingue la deuda del comprador por el precio, pero sí se pacta que al crear el título se extinguirá la deuda, ella quedará efectivamente extinguida. Es decir, que puede suceder que el comprador diga “firmo un vale, pero el vendedor dará por pagado el precio de la compraventa” y ello sea aceptado por el vendedor. En este caso el vendedor del ejemplo va a tener sólo el derecho de crédito que emana del título valor, pues se extinguieron los derechos que emanaban del contrato de compraventa.

Resumiendo lo dicho, la creación de un título valor a raíz de la existencia de una relación extracartular, no supone, por sí misma, la extinción de esta relación pero puede pactarse que la creación del título valor producirá la extinción de la relación fundamental. A falta de convención especial, la relación extracartular subsiste entre las partes y a ella se agrega el título valor que se constituye por un acto separado.

En términos más técnicos, diremos que la creación de un título valor no tiene efectos novatorios. Cuando se crean títulos valores no hay, entonces, novación y el deudor de la relación fundamental es deudor dos veces, por la relación fundamental y por el título valor.

II. Condiciones para el ejercicio de la acción causal

También, debemos precisar que quien recibe el título valor para el pago o extinción de una relación extracartular, se compromete a no exigir el crédito derivado de esta relación extracartular. Para ejercer acciones en base a la relación fundamental, se debe restituir previamente el título valor. Se trata de una obligación legal que deriva del inc. 2 del art. 25:

"La acción causal podrá ejercitarse restituyendo el título al demandado y no procederá sino en el caso de que el actor haya ejecutado los actos necesarios para que el demandado pueda ejercitar las acciones que pudieren corresponderle en virtud del título."

Nos explicamos: quien recibe un título valor para el pago de una deuda emergente de una relación fundamental, mientras no venza el plazo estipulado en el título valor, no puede exigir la prestación debida ni puede ejercer ninguna acción que emane de aquella relación extracartular. Seguimos con el ejemplo, el vendedor que recibe un vale en pago del precio de una compraventa, no podrá exigir el pago del precio, sino que debe esperar el vencimiento del título valor, pues ha renunciado tácitamente a ejercer ningún derecho derivado de la relación fundamental, en tanto no se produzca ese vencimiento.

Cuando el deudor cumple con la obligación documentada en el título valor, simultáneamente queda extinguido el crédito de la relación extracartular, aunque ello no está expresamente establecido en ningún texto legal. Un régimen similar contiene el art. 46 del DLCh.

Si, por ejemplo, el tenedor de un cheque no lo presenta al cobro dentro de los plazos legales, no habrá realizado "los actos necesarios para que el demandado pueda ejercitar las acciones que pudieren corresponderle". Esto es, el cheque está "perjudicado", en virtud de lo dispuesto en el art. 29, inciso final, del DLCh.

 

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