Mandato comercial

Por Nuri E. Rodríguez Olivera

El art. 299 del Código de Comercio (CCom) define el “mandato en general” como "un contrato por el cual una persona se obliga a administrar un negocio que otra le encomienda"

El mandato es un contrato por el cual una persona confiere a otra el poder para representarla en la gestión de uno o más negocios por cuenta de la primera. El concepto de representación se incorpora en el art. 300 del CCom: 

“Se llama especialmente mandato, cuando el que administra el negocio obra en nombre de la persona que se lo ha encomendado.

Este concepto es coincidente con el previsto para el mandato civil en el art. 2051 del Código Civil (CC): 

"contrato por el cual una parte confiere a otra, que lo acepta, el poder para representarla en la gestión de uno o más negocios por cuenta y riesgo de la primera."

Quien confiere el poder se llama mandante. Mandatario es la persona designada. El mandatario, cuando celebra el negocio con un tercero, expresa que actúa por cuenta del mandante. Esto es, actúa a nombre y cuenta del mandante, dueño del negocio. Cuando se concierta el negocio quedan vinculados por él, el mandante y el tercero. El mandatario no se obliga por ese negocio. Damos un ejemplo. Un mandante A otorga poder a un mandatario B para que le venda un equipo industrial. El mandatario encuentra un tercero X interesado en la compra. B celebra el negocio con X y al celebrarlo dice que vende por cuenta de A. Celebrado el negocio, el contrato de compraventa con todos sus derechos y obligaciones vincula a A con X. Quien debe entregar el equipo vendido es a y X debe pagar el precio a A.

El art. 308 establece:

El mandante responde por todos los actos del mandatario, siempre que sea dentro de los términos del mandato.

No está obligado por lo que se ha hecho excediendo el mandato, sino en cuanto lo haya ratificado expresa o tácitamente (art. 332).

I. Distinción respecto del mandato civil

Las diferencias fundamentales entre el mandato comercial y el civil, atañen al objeto y a la onerosidad o gratuidad del contrato. 

A. Distinción en cuanto al objeto

Según los términos del artículo 299, el mandato mercantil tiene por objeto la administración de un negocio. Esto es coincidente con lo que establece el artículo 133 respecto de los factores, a quienes se encarga "la administración de sus negocios, o la de un establecimiento particular".

Para que el mandato sea regulado por el Derecho Comercial, el negocio que el mandatario se obliga a administrar debe ser mercantil. El artículo 306 dispone:

“El mandato comercial, por generales que sean sus términos, sólo puede tener por objeto actos de comercio.

Nunca se extiende a los actos que no son de comercio, si expresamente no se dispusiera otra cosa en el poder”.  

Queda claro que, eventualmente, el mandato comercial puede tener por objeto la realización de actos civiles pero, para ello, esta facultad debe haber sido especialmente dispuesta en el poder.

En definitiva, es comercial el mandato para la administración de un negocio mercantil. En principio, el poder otorgado al mandatario encargado de la administración de un negocio mercantil, está habilitado para realizar actos de comercio en representación del principal. Si se pretende otorgarle representación para la realización de actos civiles en nombre del principal, debe disponerse en ese sentido expresamente.

B. Distinción en cuanto a la onerosidad

El mandato civil, en principio, es gratuito. El mandato comercial, en cambio, es oneroso.

El artículo 310 del Código de comercio dispone:

“El mandante debe abonar al mandatario todos los gastos que haya hecho para llenar su encargo, indemnizándole de las anticipaciones que haya hecho y de las pérdidas que haya sufrido, y pagándole el salario estipulado o el que fuere de uso, caso de no mediar estipulación.

Si no hay culpa imputable al mandatario, no puede el mandante excusarse de hacer ese abono, aun cuando el negocio hubiese dado malos resultados ni pedir la reducción del importe, alegando que pudiera haberse gastado menos.

El artículo 2.081 del Código civil dispone:

“El mandante debe abonar al mandatario todos los gastos que haya tenido para llenar su encargo, indemnizándole de las anticipaciones que haya hecho y de las pérdidas que haya sufrido, procedentes de sus gestiones y pagándole la remuneración estipulada o la que fuere de uso, a menos que el mandato sea gratuito.

Si no hay culpa imputable al mandatario, no puede  el mandante excusarse de hacer ese abono, aun cuando el negocio hubiese dado malos resultados, ni pedir la reducción del importe, alegando que pudiera haberse gastado menos.

Las diferencias entre los dos textos tienen relación con la onerosidad del mandato en el Código de comercio. Si no se estipuló un “salario” se debe el que fuera de uso. En el CC el mandato puede ser gratuito.  

II. Régimen jurídico del mandato comercial

Nos referiremos, a continuación, a aquéllos aspectos del régimen aplicable al mandato comercial, que presenta alguna particularidad respecto del mandato civil. Dentro de este régimen, son pocas las normas especiales en el CCom, que no están el CC. Se analizan a continuación.  

A. Sobre la responsabilidad

1. Responsabilidad del mandante

Art. 312:

El mandante debe también indemnizar al mandatario de los daños que sufra por vicio o defecto de la cosa comprendida en el mandato, aunque aquél los ignorase.

2. Responsabilidad del mandatario

Art. 315: 

Habiendo diferencia entre un tercero y el mandatario que contrató con aquél a nombre del mandante, quedará libre de toda responsabilidad el mandatario, presentando el mandato o la ratificación de la persona por cuya cuenta contrató.

B. Sobre la finalización del mandato

1. Renuncia

El art. 2.093 del CC  establece:

La renuncia del mandatario no pondrá fin a sus obligaciones, sino después de transcurrido el tiempo razonable para que el mandante pueda proveer a los negocios encomendados.

De otro modo, deberá indemnizar al mandante, si es perjudicado; a menos que él se halle en la imposibilidad de administrar por enfermedad u otra causa, o sin grave perjuicio de sus intereses propios.

El artículo 304 del Código de comercio dispone:

El mandatario puede en cualquier tiempo renunciar al mandato, haciendo saber al mandante su renuncia.

Sin embargo, si esa renuncia perjudica al mandante, deberá indemnizarle el mandatario, a no ser que:

1. Dependiese la ejecución del mandato de suplemento de fondos, y no los hubiese recibido el mandatario, o fueran insuficientes.

2. Se encontrase el mandatario en la imposibilidad de continuar el mandato, sin sufrir personalmente un perjuicio considerable.

Como se advierte de la comparación de los textos, las soluciones son similares, con diferencias de detalles. El mandatario responde de los daños y perjuicios que causa con su renuncia, con ciertas excepciones establecidas en las normas respectivas.

2. Revocación

El artículo 329 Código de comercio dispone que la revocación que sólo se notificó al mandatario, no puede alegarse contra el tercero que contrató ignorando la revocación. La nueva Ley de Registros impone tanto, para el mandato civil como para el comercial, la inscripción de la revocación. En consecuencia, la revocación será oponible a terceros desde la inscripción.

C. Rendición de cuentas

El art. 322 del Código de Comercio  y el 2074 del Código Civil imponen al mandatario la obligación de rendir cuentas. La norma del Código Civil tiene un segundo inciso que no está en el Código de Comercio: “La relevación de rendir cuentas no exonera al mandatario de los cargos que contra él justifique el mandante”.

III. Diferencia del mandato con otros negocios

A. Con gestión de negocios

El gestor de negocios realiza actos que favorecen al tercero sin que exista un encargo previo. El artículo 332 regula la gestión de negocios. Dice así:

“La gestión de negocios comerciales es el hecho puramente voluntario del que hace por otro un acto de comercio, sin saberlo el propietario.

La gestión de un negocio comercial, ignorándolo el dueño, obliga a éste, cuando la hubiere aprobado o le resultare una utilidad evidente.  

B. Con promesa del hecho de terceros

Los arts. 333 y 334 prevén contratos en que una persona promete el hecho de un tercero previendo las obligaciones y responsabilidades a su cargo. El art. 333 dispone:

“El comerciante que promete el hecho de un tercero, se obliga a ejecutarlo personalmente, o a pagar la indemnización correspondiente, si el tercero no verifica el hecho o acto prometido”.

El art. 334 analiza dos casos donde se actúa sin mandato previo. Si el tercero ratifica lo actuado, al negocio celebrado se le aplican las normas del mandato. Dispone dicho artículo:

“Si la promesa consistiera en una obligación de dar, debe el promitente, en todos los casos, dar lo prometido, sin que se le admita dar la indemnización, a no ser que la dación se hubiese hecho imposible.

El que acepta la promesa del hecho de un tercero queda obligado a éste, como si con él hubiere contratado.

En todos los casos, la ratificación del tercero convierte el acto en un verdadero mandato con todos sus efectos legales”.

C. Diferencia entre mandato y locación de servicios

La diferencia radica en la función representativa, que no existirá en el arrendamiento de servicios.  



[1] En Derecho francés y español, se llama comisión a todo el mandato comercial y hay comisión con o sin representación.