Cesión de crédito mercantil

Por Carlos E. López Rodríguez

El contrato de cesión de crédito está regulado tanto en el Código Civil (CC), como en el Código de Comercio (CCom).

En las líneas siguientes, sin perjuicio de brindar un concepto de cesión de crédito aplicable en ambos ámbitos, analizaremos el régimen mercantil.

En oportunidad de dicho análisis, haremos las distinciones que correspondan respecto al régimen civil.

I. Concepto de cesión de crédito

La cesión de crédito es un contrato por el cual una parte (cedente) se obliga a transferir a otra (cesionario), un crédito no endosable que tiene a su favor contra un tercero (cedido) y la otra (cesionario) se obliga a pagar un precio por esa cesión[1].  

El contrato de cesión de crédito es un título hábil para la transmisión de la propiedad de un derecho de crédito contra un deudor en particular.

Si el crédito es endosable, no se requiere un contrato de cesión de crédito para que opere su transmisión, puesto que ésta se logra mediante el endoso y la entrega del título donde está incorporado el crédito.

A. Partes en el contrato de cesión de crédito

Las partes en este contrato son dos: el cedente (poseedor del crédito) y el cesionario (futuro titular).

Además de estas personas existe un tercer sujeto que, si bien no es parte, está interesado en la cesión: es el deudor del crédito en cuestión a quien se llama cedido.

B. Contenido obligacional

La obligación principal del cedente consiste en transmitir al cesionario la propiedad de un crédito

La obligación principal del cesionario es pagar el precio.

C. Caracterización del contrato de cesión de crédito

El contrato de cesión de crédito es consensual, ya que se perfecciona por el simple acuerdo de partes. El CCom no establece formalidades especiales para el perfeccionamiento de este contrato. 

La entrega del título donde consta el crédito, prevista en el art. 768 del CC y en el art. 529 del CCom, no es un requisito de perfeccionamiento sino un requisito de eficacia del negocio traslativo del dominio (tradición)[8].

Art. 768 CC: "La tradición de los derechos se verifica: o por la entrega de los documentos que sirven de título o por el uso del uno y la paciencia del otro, como en las servidumbres.

Sin embargo, la tradición de un crédito cedido no surte efecto, mientras no se denuncie o notifique la cesión al deudor.

El inciso precedente no se refiere a los créditos transmisibles por endoso o al portador o en otra forma, con arreglo a leyes particulares."

II. Regulación de la cesión de crédito

La cesión de aquellos créditos que no son endosables, se encuentra regulada tanto en el CCom (arts. 563-571 CCom), como en el CC (arts. 1757-1766 CC). 

A. Problema de la duplicidad de regímenes

El CCom no establece criterios para distinguir la cesión de créditos comercial de la civil.

1. Tesis de la derogación del régimen mercantil

Esto podría conducir a la conclusión de las disposiciones del CCom sobre cesión de créditos han sido derogadas por las disposiciones del CC, puesto que éste es posterior a aquél.

2. Tesis de la vigencia del régimen mercantil

Si se considera que ambas normas se encuentran vigentes, se deben determinar los elementos que se han de considerar para determinar cuándo se aplica un régimen y cuándo se aplica el otro.

Mercantilización subjetiva de la cesión de crédito:

Puede considerarse que se está frente a una cesión de crédito mercantil, cuando este contrato se celebra entre dos comerciantes. Tal como establece el art. 5 del CCom, los actos de los comerciantes se presumen comerciales.

Mercantilización objetiva de la cesión de crédito:

Podría entenderse que será comercial la cesión cuando el crédito que se cede tiene naturaleza comercial.

Así, por ejemplo, sería aplicable el régimen mercantil a la cesión de un crédito originado en un contrato de préstamo que un sujeto le realiza a otro, para que lo destine a operaciones de su tráfico (art. 700 CCom). Lo sería, también, la cesión del crédito por el precio de una compraventa mercantil.

Del mismo modo, consideramos que se aplica el régimen mercantil de este contrato, a los títulos valores de contenido dinerario, en algunos casos como, por ejemplo, si el título se emite a la orden con la cláusula no endosable.

En general, los títulos valores se trasmiten por la simple entrega, si son al portador y por endoso, seguido de la entrega, cuando son nominativos, tal como dispone el art. 36 del Decreto Ley n° 14.701/1977, de 12 de setiembre, de Títulos Valores (DLTV).

En cambio, no se puede endosar el cheque que contenga la cláusula «no a la orden» u otra similar. Este cheque sólo puede ser trasmitido por la vía de la cesión de créditos no endosables, tal como se infiere de lo dispuesto por el art. 8, § 2, del Decreto Ley n° 14.412/1975, de 8 de agosto, de Cheques (DLCh).

B. Problema de la insuficiencia en la regulación específica de la cesión de crédito mercantil 

Estrictamente, al contrato de cesión apenas se le dedican tres artículos (arts. 566 a 568). El resto del articulado se dedica a establecer las condiciones que se deben cumplir para que el contrato de cesión se torne eficaz frente al cedido (art. 563), la actitud que puede adoptar el deudor cedido y sus consecuencias (art. 564 y 565) y los derechos de la persona contra quien se ha cedido un crédito litigioso (arts. 569 a 571).

La regulación que proveen esos artículos es parcial. Los vacíos en la regulación de la cesión de crédito deben ser completados en la forma que establece el art. 16 del CC. Esto significa, que se debe acudir, en primer lugar, a los fundamentos de las leyes análogas. 

En particular, la cesión de créditos mercantil tiene analogía con dos contratos: con la compraventa comercial y con la cesión de créditos civil. 

La analogía con la compraventa comercial deriva de que, en última instancia, la cesión de créditos es una compraventa. Si bien se observa, en la cesión de créditos, al igual que en la compraventa, el cedente se obliga a transferir la propiedad de una cosa a cambio de un precio. La cesión de crédito sólo le ha merecido una regulación especial al legislador, por la particularidad que tiene que la compraventa recaiga sobre un bien incorporal.

Es evidente que el legislador así lo entendió y por eso la regulación del contrato de cesión de créditos se encuentra a continuación del contrato de compraventa. El art. 566 del CCom se refiere a la "venta o cesión de un crédito", de lo cual se desprende que se considera a la cesión de crédito como una especie de compraventa. 

La analogía con la cesión de créditos civil es obvia, pero la aplicabilidad de las normas del CC a un contrato mercantil podría depender de la posición que se asuma en cuanto a la autonomía del Derecho comercial.

En nuestra opinión, en lo no previsto en los arts. 563-571 CCom  se aplica lo dispuesto para el contrato de compraventa comercial en el propio CCom, así como, eventualmente, lo dispuesto en los arts. 1757-1766 CC, en tanto lo allí previsto no sea contradictorio con el régimen mercantil.

III. Análisis del régimen de la cesión de créditos mercantil

A. Legitimación

Tal como en la compraventa (art. 513 CCom), el cedente puede ser, o no, propietario del crédito que es objeto del contrato.

Claro que, una vez perfeccionado el contrato de cesión, el cedente queda obligado a entregar al cesionario el documento representativo del crédito, so pena de responder por las pérdidas y daños que de su falta resultasen (art. 514).

B. Obligación de garantía

Sin perjuicio de ese contenido obligacional básico, el CCom le impone al cedente una obligación de garantía.

El cedente garantiza la existencia y legitimidad del crédito al tiempo de la cesión. 

No responde, en cambio, por la solvencia del cedido, a menos que se hubiera expresamente obligado a ello y sólo hasta la suma concurrente del precio que recibió en virtud de la cesión (art. 567).

No obstante, aunque se haya obligado a responder por la solvencia del cedido, su responsabilidad sólo se refiere a la solvencia de éste al momento de la cesión y nunca a la futura (art. 568).

C. Transferencia del crédito

Para la transferencia de créditos no endosables, no es suficiente el perfeccionamiento del contrato de cesión.

El contrato, como es de regla en nuestro Derecho, no tiene efecto real

Para que la transmisión de la propiedad sobre el crédito se realice, se requiere del modo tradición.

Siendo el objeto de contrato de cesión un bien inmaterial, la tradición, forzosamente debe ser simbólica. Resulta implícito de los artículos que se refieren a la cesión de crédito – especialmente de la civil – que la tradición del crédito se realiza mediante la entrega de los documentos que sirven de título (art. 768 CC y art. 529 CCom).

La mera tradición, sin embargo, no surte efecto, mientras no se denuncie o notifique la cesión al deudor (art. 768, inc. 2, CC) o éste renueve su obligación en favor del cesionario (art. 1758 CC y art. 563 CCom).

1. La entrega del título

La transferencia de un crédito no endosable depende, necesariamente, de que concurra el modo tradición. El contrato de cesión de crédito no es un contrato con efectos reales inmediatos, como tampoco lo es la compraventa. Sus efectos son obligacionales. Es un título que requiere de un modo para transmitir el dominio.

Según explica con toda claridad Gamarra, en el régimen uruguayo no hay duda de que el solo acuerdo de voluntades no transfiere el crédito. La entrega del título (con las anotaciones y firma que establece el art. 1757 del CC), es el hecho que determina el traspaso del crédito del cedente al cesionario[12].

Según se acaba de exponer, en la cesión de créditos la tradición se verifica mediante la entrega de los documentos que sirven de título[13]. Así lo entiende nuestra jurisprudencia desde hace casi cien años:

La cesión de un crédito debe cumplirse acompañada de la entrega y transferencia del título, ya que, como lo establece el art. 1757 del C. Civil, es necesario que el título se encuentre en poder del cesionario, pues de lo contrario no podría realizarse la condición indispensable de su exhibición al verificarse la notificación.[14]

El “título” a que se refiere el art. 1757 no es la fuente de la obligación, sino el documento en que debe asentarse la obligación y en el que se anotará el traspaso del derecho, con la designación del cesionario y la firma del cedente[15]. Precisamente, la forma más compatible de tradición simbólica, en el caso de la cesión de crédito es la entrega de la factura (n° 3, art. 529 CCom).

2. La notificación al cedido o la renovación de su obligación

La entrega de la factura es necesaria para la transmisión del crédito pero no es suficiente. El art. 563 del CCom – al igual que el art. 1757 del CC – establece que la cesión es ineficaz, en cuanto al deudor si, una vez notificado, éste no la consiente o si no renueva su obligación en favor del cesionario.

La notificación puede ser realizada por cualquiera de las partes del contrato de cesión. Sin embargo, quien tiene un interés específico en obtener la oponibilidad de la cesión es el cesionario.

La hipótesis de que el deudor efectúe una declaración, eventualmente en el mismo contrato de cesión, en la cual accede a renovar su obligación con el cesionario, no ofrece mayores dificultades. En cambio, la hipótesis en que se lleva a cabo una notificación al deudor, ha motivado un esfuerzo interpretativo importante por parte de la doctrina.

a. Relevancia de la notificación

La notificación del cedido no es un requisito de validez del contrato de cesión. Sin embargo, es un requisito preceptivo para dotar de eficacia a la tradición, a menos que el deudor hubiera renovado su obligación en favor del cesionario (en cuyo caso la notificación sería, obviamente, superflua).

La falta de notificación hace inoponible la cesión respecto del cedido. Por lo tanto, mientras no se haya notificado la cesión, el cedido paga lícitamente al cedente.

El art. 1757 del CC – norma que consideramos aplicable supletoriamente al régimen de la cesión mercantil – establece que el cesionario no se considera dueño del crédito con respecto a terceras personas, mientras no denuncie o notifique la cesión al deudor. Sobre la base de esta disposición, la doctrina explica que, de por sí, el negocio obligacional no transfiere el crédito. La notificación es necesaria para operar el negocio dispositivo de transferencia del crédito que se basa en el contrato de cesión, en cuanto negocio básico de carácter obligacional. Verificada la tradición, la norma señala que no produce efectos mientras no se produzca la notificación[17]. La tradición no produce su efecto típico (transferencia de la propiedad), aun cuando coloca al cesionario en condiciones de notificar la cesión al deudor, en cuyo instante, se hace oponible tanto respecto de éste como de los terceros[18].

Así se ha entendido en nuestra jurisprudencia desde larga data:

La notificación de la cesión del crédito al deudor es indispensable, no sólo para que la cesión sea eficaz frente a éste, sino también para que pueda ser válida frente a terceros. Hasta tanto esa formalidad no se cumpla, el cesionario no adquiere la propiedad del crédito cedido, sin perjuicio del valor de la cesión entre las partes.”[19]

Cuando el art. 1757 del CC se refiere a la notificación de la cesión, no está aludiendo al contrato sino a la transmisión del derecho de propiedad sobre el crédito. Si no existió tradición, no hay nada que notificar al deudor, puesto que el cesionario todavía no es dueño del crédito.

b. Forma de la notificación

Tal como señala Gamarra - respecto de la cesión de crédito civil - que al deudor se le haya puesto en conocimiento de la cesión no implica que se le haya notificado. La exigencia de que se verifique una notificación, no está meramente dirigida a hacer conocer la cesión al deudor, sino que cumple una función preceptiva en cuanto impone un comportamiento futuro al destinatario de la misma[20].

Cuando se está ante una función preceptiva, la forma asume una función constitutiva, en cuanto el contenido no será influyente y válido en una forma diferente a la preceptuada por la Ley. Según enseña Gamarra, el valor normativo que el contenido adquiere para los destinatarios, se presenta justamente unido a la forma, es decir, al tipo de acto en que aquél es llevado a su conocimiento y aparece, por tanto, inescindible de tal forma, que no es sustituible por equivalentes[21].

El acto de la notificación debe estar dirigido pura y exclusivamente a hacer conocer al deudor la cesión. Por consiguiente – continúa Gamarra – no pueden admitirse como formas idóneas de notificación aquellos actos que, persiguiendo una finalidad diversa, pueden conducir, también, a que el deudor se entere de la cesión. La inobservancia de la forma apareja la indiferencia (inidoneidad) del conocimiento que el deudor pueda tener[22]. Esta clara caracterización del acto de notificación de la cesión – enteramente trasladable al ámbito mercantil - ha sido de recibo por nuestra jurisprudencia[23].

3. Actitudes del deudor cedido

Una vez notificado de la cesión, se le abren al deudor tres posibilidades: consiente la cesión, guarda silencio o se opone a la misma.

a. Consentimiento del deudor

No cabe duda de que el consentimiento del deudor no tiene nada que ver con el perfeccionamiento del contrato de cesión. Éste no es un negocio jurídico trilateral. Sólo son partes el cedente y el cesionario.

A pesar de ello, el art. 563 somete la eficacia de la cesión al consentimiento del deudor cedido. En principio, entonces, si dentro de los tres días a contar de la notificación, el deudor hace constar su negativa de aceptación, la cesión es “ineficaz” a su respecto.

Parece claro que, si el deudor consintió la cesión o renovó su obligación en favor del cesionario, queda ligado con el nuevo acreedor y no puede pagar lícitamente a otra persona, puesto que así lo establece expresamente el inc. 2, tanto del art. 563 del CCom como del art. 1758 del CC. 

Es absolutamente claro, también, que si la cesión es consentida – expresa o tácitamente – por el deudor, el derecho de crédito del cesionario cobra autonomía. Contra su derecho sólo podrá oponer el deudor, aquellas excepciones que "resulten de la naturaleza misma del crédito" como, por ejemplo, la de prescripción. Así surge de lo dispuesto en los arts. 564 y 565 del CCom, similares a los arts. 1759 y 1760 del CC.

b. Silencio del deudor

El deudor cedido cuenta con un plazo de sólo tres días, contados desde la notificación, para manifestar que se niega a aceptar la cesión. Pasado ese breve término, se supone que consiente la cesión (art. 565 CCom y art. 1759 CC).

c. Negativa de aceptación

La negativa a la aceptación no permite que el deudor se mantenga desvinculado del cesionario. De lo dispuesto en los arts. 564 y 565 del CCom – idénticos a los arts. 1759 y 1760 del CC – se desprende que el deudor cedido que negó su aceptación, no puede ignorar la cesión. La cesión es igualmente válida y eficaz.

Sin embargo, de estos artículos surge que la negativa de aceptación tiene la virtualidad de permitirle deducir contra el cesionario, excepciones "que no resulten de la misma naturaleza del crédito" (art. 564 CCom), tal como habría podido oponerlas al cedente, "aun las meramente personales" (art. 565 CCom). Éste sería el caso, por ejemplo, de la excepción de compensación, a la que se remite expresamente el art. 1760 del CC[24]. Es, también, el caso de la excepción de pago.

La doctrina civilista y la jurisprudencia, han propuesto diversas interpretaciones para superar la contradicción entre la consecuencia que el art. 1758 del CC atribuye al no consentimiento de una cesión debidamente notificada (la ineficacia en cuanto al deudor) y la consecuencia que los arts. 1759 y 1760 le atribuyen a la negativa de aceptación formulada por el deudor (posibilidad de deducir contra el nuevo acreedor, excepciones que no resultan de la naturaleza del crédito, aun las meramente personales que se tuvieren contra el cedente).

C. Transmisión de accesorios

La cesión de un crédito comprende sus accesorios, como las fianzas, hipotecas y privilegios (art. 566). Entendemos que, en consecuencia, simultáneamente o después de la cesión de un crédito, se deben instrumentar las transferencias de las garantías constituidas con las exigencias legales requeridas, según el caso[6].

E. Cesión de crédito litigioso

Un crédito se considera litigioso si ha habido demanda y contestación sobre el fondo del derecho (art. 571). 

La persona contra quien se ha cedido un crédito litigioso puede compeler al cesionario a que le libere, abonándole el precio de la cesión, más los intereses y las costas. Este derecho debe ser ejercido por el deudor, dentro del mes siguiente a la notificación de la cesión (art. 569).

Esta facultad no puede ejercerse en dos casos: si la cesión fue hecha a un coheredero o comunero del crédito cedido o si ha sido hecha a un acreedor del cedente, en pago de su deuda (art. 570).

F. Cesión de créditos futuros

La cesión, tal como está regulada en nuestro CC, presupone la existencia del crédito (García de Enterría, Contrato de factoring y cesión de créditos [1996], p. 87), cosa que es imposible en la cesión de créditos futuros.

En el art. 1757, inc. 2, del CC se establece que la notificación deberá hacerse con exhibición del título, que deberá llevar anotado el traspaso del derecho con la designación del cesionario y bajo la firma del cedente. La exigencia de la exhibición del título, así como la de la anotación, implica necesariamente la existencia del título que se cede.

En el mismo sentido, el art. 1762 presupone la existencia del crédito, al establecer la responsabilidad del cedente.

Cuando el crédito que se cede carece de existencia al tiempo de celebrarse el contrato, éste se encuentra afectado por una nulidad absoluta, originada en la falta de objeto (Gamarra, Tratado de Derecho Comercial Uruguayo, t, 4 [2006], p. 398).

La existencia del crédito es un presupuesto necesario para que el cesionario pueda adquirir el derecho. Cuando el crédito no existe, el traspaso al cesionario no se verifica (Gamarra, íd., p. 399).

La aplicación por analogía de la norma sobre compraventas que admite la venta de cosa futura (art. 1283), fue una tesis sustentada por Panuccio, en 1955 (La cessione volontaria dei crediti nella teoria del transferimento). Hoy la doctrina nacional rechaza esta tesis. Dice Gamarra:

«Pero lo que no me parece impecable es la generalización de tales nociones a la cesión de créditos, por la sencilla razón de que en este contrato no existe una cosa en sentido material, sino exclusivamente un derecho. De donde, la inexistencia del derecho, en la cesión de créditos, equivale a la inexistencia (total) de la cosa, en la compraventa…

… en la cesión de créditos, la ausencia de derecho en el cedente no puede colocarse en el mismo plano (que la falta de legitimación del vendedor) si se considera el caso en que el crédito sea inexistente. Claro está que aquí falta también el derecho (como en la venta de cosa ajena), pero la diferencia estriba en que este derecho conforma toda la materia del contrato de cesión, y por ende, es inconcebible la posibilidad de cumplimiento del contrato, a diferencia de lo que pasa con la venta de cosa ajena.» (Gamarra et al., op. cit., pp. 400 y 401).

En este sentido, también, se ha pronunciado nuestra Suprema Corte de Justicia, en la sentencia n° 93 de 5 de mayo de 2010 (red. Van Rompaey Servillo). En ésta se consideró responsable al cesionario, en tanto la cesión del crédito no era posible porque el crédito todavía no existía al momento de la cesión:

«(…) los cedentes demandados, son responsables ante el cesionario actor, por la inexistencia del crédito al momento de la cesión, en virtud de la garantía que consagra el art. 1762 del C. Civil. El crédito cedido no era tal, pues es un hecho cierto que cuando celebraron la cesión era inexistente (…) la cesión de crédito celebrada entre las partes (…) careció de objeto en tanto el crédito que se afirmó ceder, no existía aún. No se puede ceder un crédito que no esté en su patrimonio

IV. Diferencias con la cesión de créditos civil

A. Onerosidad de la cesión mercantil

El contrato de cesión de crédito mercantil es un contrato oneroso. Consecuentemente, es bilateral, puesto que impone obligaciones a carga de ambas partes[9].

En el ámbito civil, alguna doctrina admite la posibilidad de que la cesión sea gratuita y unilateral (cesión –donación). En este caso, se le aplican las reglas de la donación.

B. Silencio del CCom en cuanto a la exhibición del título

El CCom se limita a establecer que las cesiones de créditos no endosables son ineficaces, en cuanto al deudor, mientras no le son notificadas, y las consiente, o renueva su obligación en favor del cesionario (art. 563 CCom).  

En cambio, la notificación al cedido ha sido descripta con detalle por el CC. Debe hacerse con exhibición del título, que llevará anotado el traspaso del derecho con la designación del cesionario y bajo la firma del cedente (art. 1757 CC). Por lo tanto, de acuerdo con lo que establece el art. 1758 del CC, si no se exhibe el título, la cesión es ineficaz y el cesionario no puede ser considerado como dueño del crédito (art. 1757, inc. 1). 

Entendemos que estas disposiciones son aplicables, también, a la cesión mercantil. En nuestra opinión, se trata de un vacío en la legislación mercantil, que debe ser completado con lo dispuesto en las leyes análogas que, en el caso, es la cesión de crédito civil. 

Diferencias con endoso.

 


[1] En forma similar, Salvat define a la cesión de créditos como un “contrato destinado a operar la transferencia de un derecho… que el acreedor tiene en virtud del crédito que le pertenece… cuando ella se realiza a título oneroso” (Salvat, Tratado de Derecho Civil Argentino, v. 5, t. 1, pp. 280 [Buenos Aires: La Ley, 1946]).

[6] Existe un régimen especial para la trasmisión de garantías que acceden a títulos valores. Se analizará en la tercera parte de este Manual, referida a los contratos de garantía.

[7] Lorenzetti, op. cit., pp. 21 y 28.

[8] Abella,La cesión de contrato en el derecho uruguayo”, ADCU, t. 9, p. 211 (Montevideo: FCU).

[9] Salvat, íd., pp. 280.

[12] Gamarra et alt., Tratado de Derecho Civil Uruguayo, t. 4, 5ta ed., p. 376 [Montevideo: FCU, 2006].

[13] Hay en esto una diferencia sustancial con el Derecho argentino, que prevé la posibilidad de que el título del crédito no existiere. El art. 1434 del CC argentino dispone que habrá contrato de cesión de créditos cuando una de las partes se obligue a transferir a la otra el derecho que el compete contra su deudor, entregándole el título del crédito, si existiere (Lorenzetti, op. cit., p. 18).

[14] Sent. 2ª, Furrio, Montero Paullier, Piñeyro, 1915; sent. 3ª, Cuñarro, Garzón (d.), Romeu Burgues, Bastos, Pinto, 1-7-1915; Jurisp., n° 1729, citadas por Araújo et al., Código Civil anotado, t. 4, 2da parte, p. 104 (Montevideo: Biblioteca de Publicaciones Oficiales de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Montevideo, 1954).

[15] Bayley, op. cit., p. 657.

[17] López Fernández, Manual de Contratos Civiles, t. 2, v. 2, p. 114.

[18] Abella,La cesión de contrato en el derecho uruguayo”, ADCU, t. 9, p. 211.

[19] Sent. 1ª, Landó, 6 de octubre de 1938; LJU, n° 873.

[20] Gamarra et al., Tratado de Derecho Civil Uruguayo, t. 4, p. 390.

[21] Gamarra et al., íd., p. 391.

[22] Gamarra et al., íd., pp. 391 y 392.

[23] Anuario de Derecho Civil Uruguayo (ADCU), tt. 18 y 25 (c. 118, TAC 1°, Barcelona, Gutiérrez, Parga, y c. 168, TAC 4°, Catalurda, Burella y Alonso de Marco, respectivamente).

[24] Bayley, op. cit., p. 656.




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