Préstamo financiero

Por Nuri E. Rodríguez Olivera y Carlos E. López Rodríguez

I. Concepto

El préstamo financiero es el contrato por el cual, un sujeto (prestamista) entrega a otro (prestatario) una suma determinada de dinero, obligándose el cliente a restituirla en el mismo género y cantidad en el plazo convenido, pagando los intereses pactados.

El préstamo financiero carece de una regulación específica. Puede acudirse, sin embargo, a la regulación básica del Título X del Libro II del Código de Comercio (CCom), sobre préstamo comercial en general. El art. 700 del CCom establece: 

“El préstamo mercantil es un acto en virtud del cual un comerciante recibe una cantidad de dinero o mercancías para destinarla a las operaciones de su tráfico obligándose a devolver otro tanto de la misma especie.”

En el art. 2197 del Código Civil (CC) se define el mutuo o préstamo de consumo, en los términos siguientes:

El mutuo o préstamo de consumo, es un contrato por el cual se da dinero u otra cosa fungible, con cargo de volver otro tanto de la misma especie y calidad.

II. Caracteres

Es una operación activa porque el banco se hace acreedor del capital prestado y de los intereses, comisiones y, eventualmente, de los intereses moratorios para el caso de incumplimiento del cliente[1].

A. El préstamo como contrato real

El CC, en su art. 1252, categoriza tres clases de contratos pero no lo hace con un solo criterio. Se establece la categoría de contrato solemne y de contrato consensual, atendiendo al acto del consentimiento. El contrato solemne se caracteriza porque se requieren formalidades especiales para su perfeccionamiento; se califica de consensual cuando obliga por el simple consentimiento de las partes.   

El art. 1252 del CC califica de real al contrato “cuando la obligación principal que nace de él supone necesariamente la tradición de la cosa”. El inc. 2 agrega: 

“Antes de la tradición, la promesa aceptada de entregar o recibir la cosa sobre que versare el contrato, entra en la clase de los contratos consensuales.  

El contrato de préstamo es real, en el sentido que le da el art. 1252 del CC, por cuanto la principal obligación que nace de él, supone la tradición de la suma prestada al prestatario, que se cumple simultáneamente con la celebración del contrato. En la calificación de real del CC, no interesa el momento del consentimiento sino que se atiende a las obligaciones emergentes del contrato. La única obligación que genera el contrato es restituir esa suma al vencimiento del plazo estipulado.

Precisamente, ésta es la diferencia esencial entre el contrato de préstamo y el contrato de apertura de crédito. En esta última, el banco se obliga a abrir una línea de crédito al cliente con un límite máximo que el cliente irá utilizando y amortizando a medida que necesite el dinero. En el préstamo, en cambio, se le entrega la cantidad de dinero estipulada y se restituirá una vez finalizado el plazo contractualmente fijado.

B. El préstamo como contrato unilateral

El contrato de préstamo es un contrato unilateral. La única obligación principal que se genera está a cargo del prestatario (cliente), consistiendo en pagar los intereses pactados y las comisiones estipuladas en el contrato y devolver el capital prestado en la fecha concertada (art. 2201 CC).

La celebración del contrato de préstamo no genera obligaciones para el propietario del dinero porque el dinero lo entrega al celebrar el contrato. Lo mismo sucede en el CCom (art. 700).

 



[1] Bado Cardozo, Nociones Fundamentales de Derecho Comercial Uruguayo, p. 154.