Título II: De las Obligaciones Comunes a Todos los que Profesan el Comercio

Anotado y actualizado por Nuri E. Rodríguez Olivera

Capítulo I: Disposiciones generales

Art. 44. Los que profesan el comercio contraen por el mismo hecho la obligación de someterse a todos los actos y formas establecidos en la ley mercantil.

Entre estos actos se cuentan:

1º. La inscripción en un registro público de los documentos que según la ley exige ese requisito.

2º. La obligación de seguir un orden uniforme de contabilidad en idioma español, y de tener los libros necesarios para tal fin.

3º. La conservación de la correspondencia que tenga relación con el giro del comerciante, así como la de todos los libros de la contabilidad.

4º. La obligación de rendir cuentas en los términos de la ley.

Capítulo II: Del Registro Público de Comercio

Este capítulo fue derogado por la nueva Ley de Registros 16.871 de 1997. Eventualmente, podría considerarse vigente algún artículo, como el 47, en lo que no fuese opuesto a lo dispuesto por la Ley 16.871.

Art. 47. Los documentos que deben presentarse para su inscripción en el Registro, son los siguientes:

1º. Las cartas dotales y capitulaciones matrimoniales que se otorguen por los comerciantes, o tengan otorgadas al tiempo de dedicarse al comercio, así como de las escrituras que se celebren en caso de restitución de dote.

2º. Las escrituras en que contrae sociedad mercantil, cualquiera que sea su objeto y denominación.

3. Los poderes que se otorguen por comerciantes a factores y dependientes para dirigir o administrar sus negocios mercantiles,

4º. Las autorizaciones concedidas a las mujeres casadas, hijas de familia, menores de edad, y en general, todos los documentos cuyo registro se ordena especialmente en este Código.

Capítulo III: De los libros de comercio

Art. 54. Todo comerciante está obligado a tener libros de registro de su contabilidad y de su correspondencia mercantil.

El número y forma de esos libros queda enteramente al arbitrio del comerciante, con tal que sea regular y lleve los libros que la ley señala como indispensables. 

Art. 55.  Los libros que los comerciantes deben tener indispensablemente, son los siguientes:

1º. El libro diario.

2º. El de inventarios.

3º. El copiador de cartas.

Art. 56. En el libro diario se asentará día por día, y según el orden en que se vayan efectuando, todas las operaciones que haga el comerciante, letras u otros cualesquier papeles de crédito que diere, entregare, de su cuanta o de la ajena, por cualquier título que fuera, de modo que cada partida manifieste quién sea el acreedor y quién el deudor en la negociación a que se refiere.

Las partidas de gastos domésticos basta asentarlas en globo, en la fecha en que salieren de la caja.

Art. 57. Si el comerciante lleva libro de caja, no es necesario que asiente en el diario los pagos verificados. En tal caso, el libro de caja se considera parte integrante del diario. 

Art. 58.  Los comerciantes por menor (art.3), deberán asentar día por día en el libro diario, la suma total de las ventas al contado, y por separado la suma total de las ventas al fiado.

Art. 59. El libro de inventarios se abrirá con la descripción exacta del dinero, bienes muebles y raíces, créditos y otra cualquiera especie de valores que formen el capital del comerciante al tiempo de empezar su giro.

Después formará todo comerciante en los tres primeros meses de cada año, y extenderá en el mismo libro, el balance general de su giro, comprendiendo en él, todos sus bienes, créditos y acciones, así como todas sus deudas y obligaciones pendientes a la fecha del balance, sin reserva ni omisión alguna.

Los inventarios y balances generales se firmarán por todos los interesados en el establecimiento, que se hallen presentes al tiempo de su formación. 

Art. 60. Si la fortuna particular de un comerciante es diversa del capital que destina a su giro, o de los fondos dedicados a la industria que ejerce, sólo estos últimos serán asentados en el libro de inventarios. 

Art. 61. En los inventarios y balances generales de las sociedades, bastará que se expresen las pertenencias y obligaciones comunes de la masa social, sin extenderse a las peculiares de cada socio.

Art. 62. Derogado.

Art. 63. En el libro copiador, trasladarán los comerciantes íntegramente y a la letra todas las cartas que escribieren relativas a su comercio.

Están asimismo obligados a conservar en legajos y en buen orden todas las cartas que reciban con relación a sus negociaciones, anotando al dorso la fecha en que las contestaron, o haciendo constar en la misma forma que no dieron contestación. 

Art. 64.  Las cartas deberán copiarse por el orden de sus fechas en el idioma en que se hayan escrito los originales.

Las posdatas o adiciones que se hagan después que se hubieren registrado, se insertarán a continuación de la última carta copiada, con la respectiva referencia.

Art. 65. Los tres libros que se declaran indispensables estarán encuadernados, forrados y foliados, en cuya forma los presentará cada comerciante del Departamento de la Capital al Juzgado Letrado de Comercio para que por el Juez y Escribano del mismo Juzgado se rubriquen todas sus fojas y se pongan en la primera una nota datada y firmada por ambos del número de hojas que contiene el libro.

En los demás Departamentos, se cumplirán estas formalidades por el Alcalde Ordinario, actuando con el Escribano, y a falta de éste, con dos testigos.

Ni en uno ni en otro caso podrán exigirse derechos o emolumentos algunos.

Derogado parcialmente. En el régimen vigente es el Registro Nacional de Comercio quien debe habilitar los libros (Ley de Registros 16.871, art. 51). 

Art. 66. En cuanto al modo de llevar así los libros prescritos por el artículo 55 como los auxiliares que no son exigidos por la ley, se prohíbe:

1º. Alterar en los asientos el orden progresivo de las fechas y operaciones con que deben hacerse según lo prescrito en el artículo 56.

2º. Dejar blancos ni huecos, pues todas sus partidas se han de suceder unas a otras, sin que entre ellas quede lugar para intercalaciones ni adiciones.

3º. Hacer interlineaciones, raspaduras ni enmiendas, sino que todas las equivocaciones y omisiones que se cometan, se han de salvar por medio de un nuevo asiento hecho en la fecha en que se advierta la omisión o el error.

4º. Tachar asiento alguno.

5º. Mutilar alguna parte del libro, arrancar alguna hoja o alterar la encuadernación y foliación.

Art. 67. Los libros mercantiles que carezcan de alguna de las formalidades prescriptas en el artículo 65, o tengan algunos de los defectos y vicios notados en el precedente, no tienen valor alguno en juicio a favor del comerciante a quien pertenezcan

Art. 68. El comerciante que omita en su contabilidad alguno de los libros que se declaran indispensables por el artículo 55, o que los oculte, caso de decretarse su exhibición, será juzgado en la controversia que diere lugar a la procedencia de exhibición, y cualquier otra que tenga pendiente por los asientos de los libros de su adversario

Art. 69. (Inciso primero derogado por Ley 18.387)

Los libros del fallido aun debidamente llevados, siempre admiten prueba en contrario (artículo 76).

El texto derogado establecía lo siguiente:

"En caso de quiebra, el negociante que se encontrase no haber llevado los libros en la forma y con los requisitos prescriptos en los artículos precedentes, será reputado culpable en los términos establecidos en el Título Del estado de quiebra y sus diferentes clases."

Art. 70. Ninguna autoridad, Juez o Tribunal, bajo pretexto alguno, puede hacer pesquisa de oficio, para inquirir si los comerciantes llevan, o no, libros arreglados

Art. 71. La exhibición general de los libros de los comerciantes, sólo puede decretarse a instancia de parte en los juicios de sucesión, comunión o sociedad, administración o gestión mercantil por cuenta ajena, y en caso de quiebra.   

Ver arts. 168 y 169 del Código General del Proceso.

El inc. 3 del art. 264 de la Ley 18.387 establece:

«Todas las demás disposiciones legales contenidas en leyes anteriores, cuando se refieran a situaciones de quiebra y/o de liquidación judicial deben entenderse realizadas a la decisión judicial de liquidación de la masa activa del concurso. Cuando se refieran a situaciones de concurso, concordatos o moratorias deben entenderse realizadas a los casos de concurso.»

El art. 339 de la Ley de Sociedades Comerciales n° 16.060 de 1989 dispone:

"(Exhibición de los libros de la sociedad). La exhibición total de los libros de la sociedad, tanto de los exigidos por el Código de comercio como de los previstos por esta ley, podrá ser ordenada por el juez cuando lo soliciten accionistas que representen por lo menos el 10 % (diez por ciento) del capital integrado y se indiquen actos violatorios de la Ley o del contrato social o existan fundadas sospechas de graves irregularidades cometidas por cualquiera de los órganos de la sociedad, acreditándose el agotamiento de los recursos previstos en el contrato social y en la Ley.

Art. 72. Fuera de los casos especificados en el artículo anterior, sólo podrá proveerse a instancia de parte o de oficio, la exhibición de los libros de los comerciantes contra la voluntad de estos, en cuanto tenga relación con el punto o cuestión de que se trata.

En tal caso, el reconocimiento de los libros exhibidos, se verificará a presencia del dueño de éstos, o de la persona que lo represente, y se contraerá exclusivamente a los artículos que tengan relación con la cuestión que se ventila.  

Art. 73. Si los libros se hallasen fuera de la residencia del tribunal que decretó la exhibición, se verificará ésta en el lugar donde existen dichos libros sin exigirse en ningún caso, su traslación al lugar del juicio. 

Art. 74. Cuando un comerciante haya llevado libros auxiliares (artículo 54) puede ser compelido a su exhibición en la misma forma, y en los casos prescriptos en los tres artículos precedentes. 

Art. 75. Todo comerciante puede llevar sus libros, y firmar los documentos de su giro por sí o por otro; pero en este último caso, está obligado a dar a la persona que empleare una autorización especial y por escrito.

El segundo inciso de este artículo, disponía que la autorización a que se refiere el inciso 1 debía inscribirse en el Registro de Comercio. La Ley registral actual no ha previsto la inscripción de esas autorizaciones.

Art. 76. Los libros de comercio llevados en la forma y con los requisitos prescriptos serán admitidos en juicio como medio de prueba, entre comerciantes, en hecho de su comercio y del modo y en los casos expresados en este Código.

Sus asientos probarán contra los comerciantes a quienes pertenezcan los libros o sus sucesores, sin admitírseles prueba en contrario, fuera del caso del segundo inciso del artículo 69; pero el adversario no podrá aceptar los asientos que le san favorables y desechar los que le perjudiquen, sino que, habiendo adoptado este medio de prueba, estará por las resultas combinadas que presenten todos los asientos relativos al punto cuestionado.

También harán prueba los libros de comercio a favor de sus dueños, cuando su adversario no presente asientos en contrario, hechos en libros arreglados a derecho u otra prueba plena y concluyente.

Sin embargo, el Juez tiene en tal caso, la facultad de apreciar esa prueba, y de exigir, si lo considerase necesario, otra supletoria.

Finalmente, cuando resulte prueba contradictoria de los libros de las partes que litigan, y unos y otros se hallen con todas las formalidades necesarios y sin vicio alguno, el Tribunal prescindirá de este medio de prueba, y procederá por los méritos de las demás probanzas que se presente, calificándolas con arreglo a das disposiciones de este Código. 

Art. 77.  Tratándose de actos no comerciales, los libros de comercio sólo servirán como principio de prueba.

Art. 78. No pueden servir de prueba a favor del comerciante los libros no exigidos por la ley, caso de faltar los que ella declara indispensables, a no ser que estos últimos se hayan perdido sin culpa suya.

Art. 79. Los libros de comercio para ser admitidos en juicio, deberán hallarse con arreglo al inciso segundo del artículo 44.

Art. 80. Los comerciantes tienen obligación de conservar sus libros de comercio por el espacio de veinte años, contados desde el cese de su giro o comercio.

Los herederos del comerciante se presume que tienen los libros de su autor, y están sujetos a exhibirlos en la forma y los términos que estaría la persona a quien heredaron.

El artículo 169 del Código General del Proceso, dispone que la prueba de libros se regirá por las disposiciones de las leyes mercantiles, lo cual significa reconocer la vigencia de los art. 67 a 80 con sus especiales reglas de valoración.

Capítulo IV: De la Rendición de Cuentas

Art. 81. Toda negociación es objeto de una cuenta. Toda cuenta debe ser conforme a los asientos de los libros de quien la rinde y debe ser acompañada de los respectivos comprobantes.

Art. 82.  Al fin de cada negociación, o en transacciones comerciales de curso sucesivo, los comerciantes corresponsales están respectivamente obligados a la rendición de la cuenta de la negociación concluida, o de la cuenta corriente cerrada al fin de cada año.

Art. 83. Todo comerciante que contrata por cuenta ajena, está obligado a rendir cuenta instruida y documentada de su comisión o gestión.

Art. 84.  En la rendición de cuentas, cada uno responde por la parte que tuvo en la administración. Las costas de la rendición de cuentas son siempre de cargo de los bienes administrados.

Art. 85. Sólo se entiende rendida la cuenta, después de terminadas todas las cuestiones que le son relativas.

Art. 86. El que deja transcurrir un mes, contado desde la recepción de una cuenta sin hacer observaciones, se presume que reconoce implícitamente le exactitud de la cuenta, salva la prueba contraria, y salva igualmente la disposición especial a ciertos casos (art. 557).

Las reclamaciones pueden ser judiciales o extrajudiciales.

Art. 87. La presentación de cuentas debe hacerse en el domicilio de la administración, no mediando estipulación en contrario.

 

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